sábado, 10 de marzo de 2012

Tostadas con aceite y ajo "a la antigua"


Ya sabían nuestros abuelos que el desayuno extremeño es una comida contundente, tipo almuerzo, bastante energética pero saludable, puesto que hablamos, en todo momento, de productos ecológicos, entre los que juega un papel fundamental el ajo castaño (no el chino, que tiene menos sabor y da un picor desagradable). Para no variar, la cultura popular ha ido olvidando este clásico de nuestra gastronomía, en favor de otras costumbres alimenticias que prefiero no recordar.

Así, una mañana de diciembre me quedé bastante sorprendido al visitar el café-bar "El Cazador", de Almendralejo, ubicado en la carretera Gijón-Sevilla. Era un bar clásico de desayunos, de los pocos que abrían antes de las 8 de la mañana. En un cartel escrito a bolígrafo el propietario indicaba que hacía "tostadas con aceite y ajo, a la antigua".

¿Por qué no? Apenas tenía que hablar con nadie ese día, todo lo más, tenía que ir al banco, a ingresar, además... No hice más que pedirla y el ambiente de la cafetería se transformó por completo, comenzaron a llegar aromas de verdadera cocina, aceite de oliva, ajo machacado, pan de pueblo...

Después de un rato tenía frente a mí una tostada redonda, su superficie dorada humeante y cortada en cuadraditos, entre los que rebosaba una mezcla también dorada con olor a ajo tostado y aceite de oliva.

Hacía años y años que no probaba un desayuno tan completo, contundente y delicioso como aquél. Para mi desgracia, llegué allí un buen día y el bar ya había cambiado de dueño. Ahora estaba atendido por un grupo de chicas forasteras, muy guapas y todo eso, pero yo había ido allí a desayunar. Sólo tenían tostadas con mantequilla, catalanas... o donuts.

Salí de allí con un rebote del quince; fue de las pocas veces que he entrado en un bar y me he largado sin pedir absolutamente nada. Pregunté la razón del cese y me dijeron que, simplemente, la gente no pedía "aquellas cosas", que vuelta la burra al trillo: no queremos creer en lo nuestro, preferimos la mantequilla de aquí te espero, el aliño "catalán" (curioso, mi bisabuela ya tomaba tostadas con aceite untadas con tomate y era extremeña, como sus padres y abuelos, será que los catalanes extendían muy bien sus usos y costumbres) con tomates de conserva o esos donuts fabricados con azúcar de tercera y grasas al límite de lo comestible.

Por fortuna, los entendidos que conozco me hablaron de algunos oasis extremeños que, a partir de entonces, tendría la obligación de visitar en Almendralejo: El Abuelo, Bar Jose y Las Migas. Sus desayunos típicos extremeños eran y siguen siendo de campeonato. Durante cosa de una semana me dediqué a desayunar en ellos, explorando los diferentes platos y sabores. Un señor mayor me invitó incluso a una copa de aguardiente, porque decía que el desayuno extremeño no estaba completo si no terminaba con una copita. Por supuesto, me vino de guindas y, si no tienen que conducir ni manejar mercancía peligrosa, se la recomiendo.

Así desayunaban nuestros abuelos extremeños... Y desde luego, hay que reconocer que sabían vivir mejor que nadie.